
Tengo ganas de volver a tener unos pitillos de esos que sienten como un guante para combinar con camisetas holgaditas de algodones finos y sedas, tan ligeras que parezcan papel de fumar, en colores neutros, cuyo único complemento sea un collar llamativo, un anillo o un cinturón con cierto aire antiguo.
Un vestido blanco, pero no cualquier vestido, uno para llevar con calzado confortable, de líneas suaves, femenino pero desenfadado, que deje respirar y no presione, por encima de la rodilla.
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